viernes, 30 de noviembre de 2012

Derechos individuales y su ejercicio



Derechos individuales y su ejercicio

Ezequiel Eiben
24/1/2012

Los derechos son principios morales que permiten al hombre actuar en sociedad. Dicha actuación implica obrar de manera voluntaria; la realización de los actos que estime convenientes y necesarios para lograr sus metas, satisfacer sus necesidades. En sociedad, es decir, en relación con los demás hombres, el obrar y la voluntariedad se traducen en una convivencia pacífica, civilizada.
La sociedad en cuestión está compuesta por hombres, cada uno con derechos, de acuerdo a su naturaleza humana. Por lo tanto, a los fines de lograr la convivencia, el sistema social debe reconocerles sus derechos a todos los individuos. Lo que el sistema reconoce (y no “crea”) son los derechos individuales.

Los derechos individuales permiten al hombre desenvolverse y accionar en cumplimiento de sus propias metas fijadas de acuerdo con su criterio. Las acciones del hombre en ejercicio de sus derechos, son voluntarias, y siendo los derechos un concepto moral, son legítimas. No debe haber alguien que pueda coaccionar a otro hombre para que este ejerza sus derechos, ni tampoco puede coaccionarlo para que cese el ejercicio de los mismos. Uno de los ejemplos más fuertes del primer caso, sería el de un hombre que retuviera por la fuerza a otro impidiéndole suicidarse (por más que la intención de este último ya hubiese sido manifestada repetidas veces con firmeza y determinación), obligándolo a ejercer su derecho a la vida, y restringiendo su libertad de acción (en este caso, de una acción dañina únicamente contra la propia persona del actor). El ejemplo del segundo caso, sería el de un hombre que impidiera por la fuerza el crecimiento de la producción industrial de otro hombre.

Cada uno de los individuos tiene sus legítimos derechos, y por lógica y el principio de no contradicción, el ejercicio de esos derechos se da en beneficio de su titular y sin perjuicio de los derechos del resto. En beneficio, porque el ejercicio sigue el criterio racional de la persona, actuando de acuerdo a su voluntad, en cumplimiento de sus intereses. Y sin perjuicio de los demás, porque el propio derecho enmarca un campo de acción dentro del cual su titular lo ejerce como le plazca, con el debido respeto por los campos de acción del derecho de los demás. Una acción que viole derechos de otros, no se realiza en “ejercicio de un derecho”. Esto es porque la mencionada acción ha salido del campo de ejercicio que le correspondía a su titular. Cuando no se respetan los derechos de otro individuo, y se los viola, la persona que lo hace no puede ampararse en “su derecho”.

La violación de derechos se produce por la fuerza física o el fraude. Ambos supuestos (donde el segundo puede derivar del primero) implican viciar la voluntad de la víctima. Considerando que cada individuo tiene derechos, se concluye que no hay un derecho de un hombre para coaccionar a otro hombre. Si así fuera, el planteo incurriría en una contradicción en términos: el derecho de forzar y someter a otro hombre con derechos que quedan al margen; el derecho a negar los derechos de otro y sacrificarlo pretendiendo estar ejerciendo un propio derecho; el derecho de iniciar la fuerza física o cometer un fraude, siendo precisamente estas dos manifestaciones, violaciones de los derechos.

No hay derecho a violar otro derecho. El derecho es un principio moral, y cuando alguien inicia el ejercicio de la fuerza física contra otro hombre, está destruyendo el concepto moral del derecho, destruye el sustento ético del derecho. La moralidad y el inicio del uso de la fuerza no van de la mano. La moral implica la posibilidad de elegir valores entre alternativas. Esta posibilidad se ve truncada cuando alguien inicia el uso de la fuerza sobre un individuo, obligándolo a actuar por medio de la coacción, eliminando sus opciones. Quien agrede de tal forma, destruye la moral, y por lo tanto, niega el derecho.

¿En qué sentido negar los derechos de otro es negar los propios? Cuando el ejercicio de una acción se sale de su campo para interferir en otro, violando un derecho, se habilita al titular agredido a contrarrestar la agresión repeliendo la intromisión. El agresor sale de su campo; el defensor se mantiene en el suyo, ergo, se mantiene a derecho. Su obrar se ajusta al derecho. Y más aún: en la represalia, más que la mera defensa contenedora, el agredido puede inhabilitar al agresor, quien ya no tiene un campo definido (desvirtuado por su propia conducta) al cual ajustarse y desde el cual reclamar. Su merecido lo recibirá en términos de proporcionalidad, no de “derechos violados”.

También la negación de los derechos de otro equivale a la negación de los propios derechos, porque es una negación de la misma naturaleza humana. Los derechos individuales derivan de la naturaleza del ser humano; permiten la convivencia de sus titulares, las personas. Quien viola un derecho, es un humano, y viola un derecho de otro ser humano. El hombre que viola un derecho no reconoce que ese derecho le pertenece al otro individuo en su condición de hombre. Y siendo el agresor mismo un hombre, no puede pretender racionalmente escudarse en derechos al mismo tiempo que no los reconoce, que no respeta la naturaleza de la cual derivan. El violador de derechos es un negador de la naturaleza humana, y él mismo es un humano, por lo que niega paralelamente sus propios derechos. Negar la base natural y racional que confiere los derechos individuales, y negar su significado moral que define la aplicación de los mismos, no le permite al negador, al mismo tiempo, reclamar derechos basándose precisamente en lo que intenta destruir.

Mientras no se ejerza fuerza física o fraude contra otras personas, el hombre puede actuar con libertad de acción. Ahora bien, puede darse el caso donde en una sociedad, un hombre ejerce su libertad y progresa, en términos económicos, más que otro hombre que también ejerce su libertad. El negocio del primero es más próspero que el del segundo. Según su propio criterio, el primer hombre dice que vive muy bien; y según su propio criterio, el segundo hombre dice que vive “a duras penas”. Aquí, los detractores del individualismo, los llamados colectivistas, arguyen que la libertad del primero viola la libertad del segundo porque no le permite desenvolverse con mayor plenitud y progresar todo lo que querría hasta alcanzar el punto, según el criterio de alguien por ahí, de poder vivir “muy bien”. Esta noción colectivista de ninguna manera se da así en la realidad.

Como se explicó precedentemente, un derecho no viola otro derecho. El derecho individual está de un lado: del lado de la justicia, del lado de la moral. Nunca está del lado de la injusticia, nunca del lado de la inmoralidad. Es contradictorio pensar que el ejercicio de la libertad individual viola otro ejercicio de libertad individual. Como ya se aseguró también, la violación de los derechos individuales proviene del inicio de la fuerza o del fraude, y esta violación no es ejercicio del derecho a la libertad individual sino que es la negación del derecho. El progreso en base a la libertad, sin coaccionar a otros, no viola ningún derecho. Solo una mente colectivizada que no reconoce los derechos individuales, puede sostener que los derechos no son principios morales derivados de la naturaleza del hombre, que no hay derechos inalienables, y por lo tanto creerse justificada para regular, controlar y modificar arbitrariamente lo que considera meras “facultades o prerrogativas concedidas por la sociedad”.

Es de importancia defender los derechos individuales frente a quienes más hace falta defenderlos: sus violadores. Hay que aclararle a los colectivistas: una mente más inteligente no viola el derecho de una mente menos inteligente; un cuerpo más fuerte no viola el derecho de un cuerpo más débil; una mayor eficacia productiva no es una agresión a una menor eficacia productiva; una libertad que busca más ámbitos comerciales de acción no es una coerción contra una libertad que busca o consigue menos. En definitiva, una habilidad en sí misma no constituye negación de derechos de una persona con habilidad menor.

La libertad permite el entendimiento, consentimiento y cooperación; por definición, excluye la violación de derechos y la agresión. Los verdaderos violadores de derechos individuales, son los colectivistas activos, que restringen la libertad de las personas al tiempo que se creen en libertad para hacerlo. Justifican violar derechos mientras creen que así van a proteger ciertos derechos (que previamente se encargaron de negar).         
   

Noción colectivista de los derechos

Noción colectivista de los derechos
Ezequiel Eiben
23/1/2012
Los colectivistas y estatistas tienen, entre varias inconsistencias, un problema epistemológico grave: creen consagrar derechos al tiempo que niegan los derechos.
Los verdaderos derechos del hombre son los derechos naturales. Su derecho fundamental es el derecho a la vida, del cual derivan los demás derechos (como la libertad y la propiedad). No existe derecho individual para violar otro derecho individual. Y el derecho, como ordenamiento jurídico, es un medio para un fin: la justicia. El derecho individual está de un lado: del lado de la justicia, nunca del lado de la injusticia. Y el ordenamiento jurídico requiere de leyes objetivas que sean respetuosas de los derechos individuales.
Cuando los estatistas y colectivistas dicen, por ejemplo, que el ejercicio de la libertad económica de una persona viola la libertad de otra, demuestran su disparate epistemológico. Y a partir de allí, imponen regulaciones para consagrar la supuesta libertad violada (de personas indeterminadas, no identificables, o mal seleccionadas) negando la libertad del supuesto violador (el comerciante). El ejercicio de la libertad de una persona que realiza, junto a otras, acuerdos voluntarios para mutuo beneficio, no es para nada una violación a la libertad de las demás personas (quienes tienen el mismo derecho a la libertad para realizar acuerdos si así lo desean). ¿El derecho de quién se viola en un libre mercado? ¿La capacidad de quién se vulnera? ¿Se ejerce la fuerza contra alguien? ¿Se comete fraude contra alguien?
No hay nada que pueda asemejarse, en el ejercicio de la libertad en un mercado libre, a la violación de un derecho. Los derechos no son contradictorios entre sí. Por el contrario, se integran. No son para perjudicar a los demás; son para permitir que todos puedan gozar de una convivencia civilizada y pacífica.
Solo una mente colectivizada o defensora del estatismo puede argüir que la libertad de una persona ejercida de manera racional es una amenaza para la libertad de otra. La libertad individual corresponde a cada individuo, y cada uno puede ejercerla en base al trazado de su propio curso de acción. Es natural al hombre su libertad.
En cambio, el colectivismo tiende a pensar que no hay derechos naturales sino que ellos son una “creación social” por obra y gracia de algún grupo intelectual que se le ocurrió dotar al hombre de derechos. No reconocen derechos individuales, sino derechos colectivos, en el marco de una visión colectivista: el hombre es, y puede vivir, solo en la sociedad; está dotado de facultades y tiene lo que tiene en tanto y en cuanto conviva en sociedad; y es la sociedad la encargada de administrar y repartir lo que él puede tener, restringir lo que no puede tener, y juzgar si lo que posee le corresponde en base a considerar si es satisfactorio para el “bien común”.
Por lo tanto, bajo esta visión colectivista de los hombres y los derechos, en donde la sociedad da y quita tomando en cuenta lo que se le ocurra definir como “bienestar general”, se considera que así como la sociedad es la que otorga y permite la libertad, es esta la que puede restringirla y quitarla tomando como criterio el mencionado parámetro social. Por eso los estatistas y colectivistas se creen justificados en restringir la libertad de algunos en beneficio de otros. Utilizan el capricho del bien común para jugar con las vidas y los esfuerzos de la gente, obrando de manera antojadiza, determinando a quién y en qué momento le corresponde ser libre, y a quién y en qué momento no; a partir de qué límites la libertad individual empieza a amenazar al bien común y se hace digna de ser violada como derecho individual, paradójicamente, mediante la ley.  
 

Inmoralidad del colectivismo

Inmoralidad del colectivismo
Ezequiel Eiben
21-1-2011

Debería sonar desafiante para los oídos de un colectivista, el espetarle: “Cuando alguien me convenza que iniciar el uso de la fuerza contra las personas es moral, y que esto lleva a buenos resultados, me hago socialista”. Pero claro, los colectivistas nunca podrán admitir sinceramente (por lo menos frente a los demás), que su sistema se basa en la fuerza y en la injusticia, si pretenden difundirlo con éxito como un proyecto humanitario basado en nobles ideales, y sin que derrumben precisamente la moral. Y por lo tanto, tal frase provocará las más obscenas evasiones de la realidad y el más bizarro enmascaramiento de las armas que están detrás de esas propuestas para el “bien de todos”. Y por supuesto, a una mente racional preocupada por la moral, jamás podrán convencerla de hacerse socialista, porque el colectivismo es esencialmente negador de la moral.
La moral de un individuo se refiere a un código de valores; implica principios que sirven para la elección y obtención de dichos valores, los cuales la persona estima como necesarios para sustentar y guiar su vida de acuerdo a sus propósitos. Ahora bien, para que algo sea un valor, se requiere previamente de alguien que valore. Un valor presupone alguien que lo estime como tal, que lo considere precisamente como algo valioso. Esa valoración, para ser tal, racional, independiente, no impuesta, debe ser voluntaria. Y aquí es preciso destacar que puede haber voluntad cuando existen alternativas. El que valora, aplica su criterio racional, realiza una elección entre alternativas, y según eso, lo elegido es algo de valor.
No existe esta valoración cuando media la coacción. Aquí no es el sujeto el que valora libremente, el que obtiene y conserva valores en base a elecciones propias; sino que alguien lo esta forzando a aceptar algo como si fuera un valor. Es un caso donde la elección de la persona no es primordial; alguien realiza una “valoración” por fuera de su voluntad y se la impone por la fuerza.
Lo moral es la obtención y/o conservación voluntaria de valores; la moral requiere elección. Hay moral cuando hay posibilidad de elegir, cuando hay voluntariedad del individuo encaminada, como se dijo, a la obtención y/o conservación de un valor. Así, la persona estructura su propio código de valores, de acuerdo a su criterio racional, emitiendo sus juicios, realizando sus evaluaciones y elecciones, y pudiendo accionar en consecuencia.
Sin esa posibilidad de libre elección, no hay valores. Lo contrario a la voluntario, es lo coactivo, la fuerza, la imposición; por lo tanto, la no elección, la no libertad, la no moralidad.
El colectivismo pretende someter a la persona, cobrarle impuestos, forzarla a colaborar en proyectos públicos, obligarla a cooperar con causas ajenas, ponerle un arma en la cabeza para que contribuya a lo que no valora, coaccionarla para que ponga de sus bienes en sustento de proyectos acerca de lo que otros valoran. El colectivismo no confía en los valores de un individuo, no respeta sus valoraciones, no acepta sus decisiones, ergo restringe su libertad para hacerlo. Niega la libertad, la elección, la libre y voluntaria búsqueda de valores, el consentimiento. Es de estas premisas colectivistas básicas, de donde se deriva la inmoralidad del socialismo y del colectivismo.
El inicio del uso de la fuerza, la coacción contra las personas; eso no es moral. Eso es la contracara de un racional código de valores.
El famoso "mundo mejor" de los colectivistas (famoso en sus teorías; jamás visto y sin posibilidades de serlo en la práctica) corresponde a la “valoración” que hacen los tiranos dominantes. No se concuerda con los valores del sujeto expropiado y robado. Dentro del yugo colectivista, el individuo trabaja no para perseguir sus valores, sino para cumplir los caprichos de los gobernantes y sus acomodados. Ese “mundo mejor” sigue los criterios irracionales de los que monopolizan la violencia e inician la agresión; no así los criterios racionales de quienes en libertad planean un curso de acción para sustentar la propia vida y mantienen (cuando lo desean) acuerdos (voluntarios) con otros individuos pacíficos.

sábado, 24 de noviembre de 2012

"Ahí viene chaca por el callejón"

"Ahí viene chaca por el callejón"
Ezequiel Eiben
17/3/2012



Canción de la barrabrava de Chacarita: “ahí viene chaca por el callejón matando judíos para hacer jabon”


Nótese el color oscuro de la piel y las costumbres “villeras” de la nueva “raza aria” argentina: La fina y racialmente pura barrabrava de Chacarita.
Son tan pero tan superiores, que son unos parásitos vividores a costa del trabajo ajeno, privilegiados por planes sociales y arreglos con el gobierno kirchnerista, una banda de delincuentes violentos que anda suelta por ahí.
Al parecer se sienten identificados con metodologías atribuidas al nazismo. Si bien algunos son ignorantes, estoy seguro de que hay quienes minimamente “saben” algo y son simplemente unos infelices violentos.
Basta de querer descartar y absolver bajo la excusa de la “ignorancia” de esta manga de descerebrados. Sus apologías de la violencia contra los judíos demuestran la clase de personas que son. Sean ignorantes o estén minimamente informados, quieren violencia contra los judíos.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Con Israel y por el triunfo

Con Israel y por el triunfo
Ezequiel Eiben
17/11/2012
3 de Kislev 5773



“Con Israel y por la paz” es el típico slogan que difunden muchos judíos cada vez que Israel se encuentra bajo ataque y reacciona ejerciendo su legítimo derecho a la autodefensa.
Intento reconocer buenas intenciones en algunas personas detrás del uso constante de esas palabras. Más allá de eso, sugiero ponerse a pensar en el mensaje que manifiestan.
“Por la paz”… ¿Con quién? ¿Con Hamas? En este momento, Hamas es nuestro agresor. ¿Con ellos queremos paz? Hamas es un grupo terrorista que quiere borrar a Israel del mapa y asesinar a los judíos. Rechaza explícitamente una paz duradera, sincera y seria con Israel, y no deja de intentar eliminar a sus ciudadanos.
¿Piden por la paz con Hamas? Si es así, están sumamente equivocados, puesto que Hamas de entrada ya rechazó su pedido. Si es un pedido por la paz con el pueblo palestino en general, deberían rechazar a Hamas y anhelar su desaparición puesto que somete a la población de Gaza bajo un régimen de terror. Si es un pedido por la paz en Medio Oriente en general, es una falta de reconocimiento de la situación en la cual está Israel y una ignorancia acerca de la naturaleza del enemigo islamista.
Hay que dejar de utilizar estos slogans trillados y empleados en más de una ocasión como palabras vacías de contenido, y sentar de manera firme nuestra posición: “Con Israel y por el triunfo”.
Con el enemigo no puede haber paz (sobre todo porque ellos mismos no quieren), con la nada y la no-existencia no se hace la paz, y no se arriesga la propia vida y seguridad por buscar una mentirosa paz.
Lo que debe hacer Israel es eliminar a Hamas, liquidar a sus terroristas, destruir sus instalaciones, y asestarles un golpe definitivo a esos asesinos después del cual no vuelvan a levantarse.
Si decimos “Con Israel y por la paz” estamos expresando que apoyamos a Israel, pero que nos mostramos a favor de una opción imposible o suicida, que termina jugando en contra de los intereses que alegamos defender. Si decimos “Con Israel y por el triunfo”, dejamos en claro que apoyamos verdaderamente a Israel y a sus intereses, que queremos que gane su batalla, derrote a sus enemigos declarados y asegure su existencia y la seguridad de los ciudadanos.
La paz no puede imponerse como una consigna irresponsable y desubicada a cualquier costo; tiene que ser la consecuencia y el objetivo de un acuerdo voluntario en el cual las partes intervinientes se respeten mutuamente, y esto no pasa cuando una parte (Hamas) quiere exterminar a la otra (Israel). Hamas no es una parte posible en un eventual acuerdo de paz.
Aportar desde nuestro lugar para que Israel resulte triunfador, en vez de expresar deseos de transigencia con el enemigo, es lo que realmente constituye un apoyo a la causa.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

“Soy K"

“Soy K”
Ezequiel Eiben
8/11/2012



“Soy K. Y te voy a mostrar mi coherencia:

Repruebo cacerolazos de ciudadanos pacíficos; y apruebo bombas terroristas montoneras.

Sostengo que Argentina es un país con buena gente; y sostengo que hay que regular las actividades privadas de la buena gente porque no puede ser que cada uno haga lo que quiera.

Soy partidario de la hermandad latinoamericana y del concepto de Patria Grande; y soy partidario del cepo cambiario y la imposición de restricciones para salir del país y poder visitar al resto de los hermanos de la Patria Grande.

Llamo a la oposición gorilas y militares; y llamo a mi ídolo Perón “General”, a mis ídolos Chávez y Guevara “comandantes”, y a mis compañeros militantes “soldados de Cristina” y “vatayón militante”.

Afirmo que no se debe hacer política invocando a los muertos; y afirmo que siempre hay que invocar a Evita, a Perón, y a Él para nuestras acciones políticas.

Remarco que mis opositores son nazis; y no remarco que mi General y maestro del cual aprendí lo que aplico era nazi, y que mi propaganda oficialista se basa en principios de propaganda nazi.

Pienso que hay que defender los derechos humanos; y pienso que a violadores de derechos humanos hay que ofrecerles puestos públicos e inmunidad política.

Creo que la división de poderes es esencial en un Estado de Derecho; y creo que a la causa judicial del atentado a la AMIA hay que arreglarla a través de un acuerdo político entre los poderes ejecutivos de Argentina e Irán.

Me quejo de los jueces adictos al menemismo; y me contento con un Oyarbide obediente, un Zaffaroni que nos haga campaña política, y amenazas a jueces que se atrevan a fallar en contra.

Recuerdo a la década del 90 como algo de terror; y recuerdo poner a los mismos funcionarios terroríficos de los 90 en los mejores cargos.

Subrayo que la libertad de expresión y la libertad de prensa son fundamentales; y subrayo que voy a aplicar una ley de medios y cuanta medida sea necesaria para que mis opositores no puedan opinar y hacer prensa en libertad.

Manifiesto que se debe defender la imagen de los argentinos; y manifiesto que el Estado debe obligar por la fuerza a pagar impuestos para financiar a 678 a los fines de que este programa mienta y escrache a parte de quienes lo financian distorsionando su imagen.   

Estoy a favor de defender el bolsillo de los argentinos; y estoy a favor de la política inflacionaria.

Hago campaña contra la violencia institucional; y hago campaña para que la violencia del Estado avance cada día más sobre la esfera de libertad de la gente.

No me caben dudas de que hay que privatizar empresas; y no me caben dudas de que a esas mismas empresas hay que estatizarlas.

Digo que confío en los argentinos; y digo que es necesaria legislación preventiva según la cual todo el mundo es sospechoso hasta que se demuestre lo contrario.

Me manifiesto a favor de la democracia; y me manifiesto a favor de Fidel Castro, Muamar Khadafi, Mahmoud Abbas, y Bashar al-Assad.

Canto la parte de la marcha “combatiendo al capital”; y canto a favor de una presi que manifiesta supuestas intenciones de “volver al capitalismo en serio”.

Quiero mandarles el INADI a los discriminadores; y no quiero mandarle el INADI a Cris cuando discrimina a La Matanza.

Rechazo la corrupción; y acepto los robos, despilfarros, desvíos, y crecimientos patrimoniales inexplicables de funcionarios públicos. 

¿Ves lo coherente que soy?”




Pregunto: ¿Hasta cuando sufriremos con esta “coherencia” kirchnerista?