jueves, 26 de septiembre de 2013

Simjat Torá, la alegría de la Torá



Simjat Torá, la alegría de la Torá
Ezequiel Eiben
26/9/2013
22 Tishrei 5774

Simjat Torá es un jag de regocijo, la fiesta de la alegría de la Torá. El pueblo de Israel saca los rollos del Aron HaKodesh para hacer siete hakafot (vueltas) alrededor del Beit HaKnesset, y se escuchan cantos y observan bailes que completan el clima jovial de la ocasión.
 
La alegría por tener la Torá refleja reconocimiento a D-os por su entrega, disfrute de contar con sus enseñanzas para conducirse en la vida, y placer por su estudio.

El  reconocimiento a Hashem en el sentido de gratitud se apoya en la certeza de que la Torá es buena y útil, y por lo tanto motivo de regocijo al poseerla como soporte espiritual. Se sostiene sobre la noche de Simjat Torá que el énfasis durante las Hakafot es agradecer a Dios por los dones de la educación que se recibió durante el año pasado[1]. La Torá es un libro que se lee todo el año; se termina y se vuelve a comenzar de inmediato. Todas las semanas de este ciclo anual tenemos la oportunidad de leerla, aprender y profundizar los conocimientos. El agradecimiento es una respuesta a todo lo que hemos podido obtener a lo largo del año, sumergidos en sus palabras.

El disfrute de contar con la Torá se vive a pleno en este jag, en el cual lo primordial es la alegría. Hay momentos para pensar en obligaciones y en tareas a cumplir; este momento le otorga preponderancia al regocijo. Según Elie Wiessel: “Simjat Torá, es el Jag más hermoso y simple entre todos los Jaguim. En este Jag no hay obligaciones – no comer Matzá, no hacer ayuno... Toda la esencia del Jag consiste en alegrarse con la Torá”[2]. El propósito moral de la persona es su felicidad, y Simjat Torá es una oportunidad para el que quiera manifestarla en relación al conjunto de principios y valores morales que le sirven como patrón de referencia para obrar.            

El placer por el estudio de la Torá se demuestra en hechos como bailar y cantar con ella, finalizar su lectura y comenzarla de nuevo, y más ampliamente en organizar toda una festividad en su honor con la alegría como fundamento. Es conocida la importancia que el judaísmo le concede al estudio como herramienta indispensable en la formación de las personas. Está escrito: “Decía Hillel: Nunca digas: Cuando tenga tiempo estudiaré. Lo más probable es que no tengas tiempo”[3]. La necesidad de la formación personal se reconoce como urgente e inmediata, algo que no debe ser pospuesto, y respecto de lo cual muchas excusas pueden encontrarse para no dedicarle el tiempo que requiere. Hay que aprovechar los momentos que tenemos y hacerlos productivos cultivando nuestro intelecto, desarrollando nuestra capacidad de abstracción, y elaborando cadenas conceptuales que nos permitan interactuar y conocer la realidad cada vez de mejor manera. Alegría por estudiar y hacernos mejores y más completos individuos, es una recompensa bien ganada por el esfuerzo invertido y el tiempo dedicado. El estudio no debe ser visto como un peso no deseado sobre nuestros hombros o un sacrificio que hay que pasar, sino como la chance para ampliar el conocimiento útil para la existencia y la bendición de construirnos a nosotros mismos en búsqueda de los valores más preciados. En este sentido podemos tomar la frase atribuida a Albert Einstein: “Nunca consideres el estudio como una obligación sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber”[4].

Los tres puntos señalados constituyen un eje en base al cual podemos interpretar de modo integral este jag de Simjat Torá. Concluyo deseando que la alegría de la Torá sea una expresión que reafirme nuestra convicción sobre la importancia del aprendizaje y el estudio, y canalice el regocijo por tener una fuente de formación y sabiduría irremplazable.       


[2] Simjat Torá – Material ampliatorio. Elaborado por Aliza Berman, Natalia Kovalsky, Moshe Rozen, Gabriel Volcovich y el equipo del Programa Lomdim - BAMÁ, 2007.
http://www.bamah.org/merkaz/jomer_on_line/simjat_tora.html
[3] Pirkei Avot, 2. Citado en: Simjat Torá – Material ampliatorio. Elaborado por Aliza Berman, Natalia Kovalsky, Moshe Rozen, Gabriel Volcovich y el equipo del Programa Lomdim - BAMÁ, 2007.
http://www.bamah.org/merkaz/jomer_on_line/simjat_tora.html

jueves, 12 de septiembre de 2013

Iom Kippur: el concepto de Teshuvá



Iom Kippur: el concepto de Teshuvá
Ezequiel Eiben
12/9/2013
8 Tishrei 5774

En Iom Kippur, el Día del Perdón, el pueblo de Israel hace Teshuvá (תשובה). Este concepto se refiere a “volver al camino correcto”. ¿Qué significa esto? ¿Acaso siempre vamos por un camino desviado? No necesariamente. A lo largo del año realizamos muchas acciones, emprendemos proyectos, descubrimos cosas nuevas, nos relacionamos con los demás. Contamos como guía con nuestra mente, nuestro juicio independiente, nuestro criterio. Ahora bien, es posible que durante el trayecto caigamos en el error, cometamos equivocaciones, incurramos en el mal. La Teshuvá nos señala la oportunidad para encaminarnos nuevamente, volver a la rectitud que refleja nuestro nombre “Israel”.

El hombre no debe considerarse a sí mismo como condenado de antemano a las desviaciones, incorrecciones y equivocaciones. No debe sentirse como un ser impotente que nada puede hacer frente a la fatalidad de su destino[1]. Tales concepciones solo pueden conducirlo a la dejadez, resignación e irresponsabilidad. El hombre, como fin en sí mismo, como persona individual y libre, puede ir por la buena senda, sin necesidad de caer en el pozo debido a supuestos determinismos metafísicos infranqueables que no tienen en cuenta su independencia y voluntad[2]. Su naturaleza le provee la herramienta básica de supervivencia, la mente, para que pueda descubrir y conocer aquello que le hace falta no solo para sobrevivir, sino también para vivir. Pero la infalibilidad no es una característica del ser humano, y por eso la Teshuvá permite su enderezamiento cuando falla.

Se dice que por medio de la Teshuvá el hombre toma consciencia de los males realizados por él, decide cambiar el rumbo de su vida, deja de hacer el mal y decide hacer el bien, y se convierte en consecuencia en otra persona; y para esto atraviesa cuatro etapas: reconocer el error (pensar), confesar el error (decir), decidir no volver a cometer el error (pensar), atravesar por la misma situación y no volver a cometer el error (acción)[3].  

El concepto de Teshuvá posee sentido en tanto y en cuanto el hombre tiene libre albedrío y es responsable por sus acciones. No habría Teshuvá si el hombre fuera incorregible, o un sujeto cuyo determinismo lo imposibilitara a la concientización para el cambio. Porque es libre, el hombre puede tomar decisiones y elegir entre opciones. Puede que no siempre elija de manera adecuada; y un ejercicio espiritual de Teshuvá le permite meditar sobre su error, asumirlo, prepararse para no cometerlo nuevamente y así poder elevarse moralmente a sí mismo. En palabras de Rav Abraham Kuc: “Uno de los fundamentos de la Teshuvá consiste en la toma de conciencia de la responsabilidad del hombre frente a sus actos, relacionado con el concepto de libre albedrío. Al practicar el retorno, el hombre reconoce que no hay factor alguno que pueda cargar la culpa de su pecado y sus consecuencias, sino el mismo, y de esta manera clarifica el sentido de la libertad de sus voliciones y el poder de gobernar su propia vida”[4].     

La falibilidad del hombre no es una licencia para actuar caprichosamente sin hacerse cargo. El hombre libre es el hombre responsable, y el hombre falible es el hombre sensato. Teshuvá no es dejarse librado a la arbitrariedad durante un año y luego esbozar un arrepentimiento sin sinceridad para sentirse legitimado a volver a la arbitrariedad un año más. Teshuvá conlleva sinceramiento y seriedad para evaluar y admitir las conductas realizadas. El hombre debe aplicar un estándar objetivo de análisis sobre los hechos y su conducta, para reconocer qué hizo mal, por qué esta mal, y por qué lo hizo. Sin la voluntad de lograr la rectitud y sin el empeño en corregirse, Teshuvá no tiene lugar. Según el Rambam: “Buscar el retorno a D-os significa no sólo el arrepentimiento, la confesión de los errores y la reparación; sino también la decisión firme de no cometer una vez más el mismo error. El que confiesa sus errores y no decide evitarlos en el futuro, se parece a aquella persona que se baña en agua sucia”[5].    

Iom Kippur nos brinda la oportunidad de arrepentirnos de lo que hicimos mal, pedir perdón por el daño causado, y retornar al camino correcto para hacer el bien. Corregirnos en aras de la rectitud, manteniendo coherencia entre pensamiento y acción, refleja virtuosismo. Que este día sea aprovechado para tomar la importante decisión de volver a la buena senda en caso de que nos hayamos equivocado, y que el aprendizaje obtenido nos sirva para mantenernos con integridad y hacer un uso responsable del libre albedrío.  


[1] Hay concepciones judías que reconocen la existencia del destino en la eterna sabiduría de D-os que conoce lo que fue, es y será. Mas esto no exime al hombre de la responsabilidad de sus actos. El hecho que el Creador conozca lo que sucederá, no implica que le impone al hombre una actuación determinada. El hombre sigue siendo una persona libre con consciencia volitiva y juicio independiente para actuar; que tenga un destino conocido por D-os no significa que no obra responsablemente por su parte hasta llegar a él.   

[2] Con esto no se quiere decir que no haya metafísica. Sino que, habiendo una, esta no cae en el determinismo total, donde la visión del hombre es la de un ser incorregiblemente condenado a la falla y sin verdadera responsabilidad por sus actos, por tener que suceder estos indefectiblemente. El ser humano sí tiene una naturaleza determinada, y dentro de sus parámetros es libre para actuar.  

[3] Acerca de Iom Kipur, material recopilado por la Vaadá de Contenidos del Proyecto Haluaj Haivrí de  Lomdim: Aliza Bergman, Gabriel Volcovich, Natalia Kovalsky y Moshé Rozen; BAMÁ. http://www.bama.org.ar/index.php?option=com_wrapper&view=wrapper&Itemid=245

[4] Acerca de Iom Kipur, material recopilado por la Vaadá de Contenidos del Proyecto Haluaj Haivrí de  Lomdim: Aliza Bergman, Gabriel Volcovich, Natalia Kovalsky y Moshé Rozen; BAMÁ. http://www.bama.org.ar/index.php?option=com_wrapper&view=wrapper&Itemid=245

[5] Acerca de Iom Kipur, material recopilado por la Vaadá de Contenidos del Proyecto Haluaj Haivrí de  Lomdim: Aliza Bergman, Gabriel Volcovich, Natalia Kovalsky y Moshé Rozen; BAMÁ. http://www.bama.org.ar/index.php?option=com_wrapper&view=wrapper&Itemid=245

jueves, 5 de septiembre de 2013

Rosh Hashaná: las primeras 48 horas del año



Rosh Hashaná: las primeras 48 horas del año
Ezequiel Eiben
5/9/2013

Comienza un nuevo año para el calendario judaico, y con los comienzos cosas nuevas pueden llegar. Rosh Hashaná es un momento para plantearse profundamente estas cuestiones: ¿qué buscamos en el año nuevo? ¿Haremos espacio al cambio y la renovación, o pretenderemos seguir por la misma vía que transitamos? ¿Esperamos algo distinto, o la continuidad de lo mismo? Para desarrollar los planteos, veamos una explicación desde la Cábala del Moré Abraham Dwek.
El mencionado Moré afirma que los principios son claves. En los comienzos estamos con ganas, con esperanzas, y si empezamos algo con ímpetu tenemos más chances de seguir del mismo modo. Rosh Hashaná, que trata sobre el principio del año, puede compararse con la concepción. En esta, el núcleo masculino se junta con el núcleo femenino y tras un proceso de ahí sale un nuevo ser. La parte más frágil y crítica es cuando el núcleo masculino fecunda al femenino; cada núcleo tiene su información y a partir de esto surgirá el adn del nuevo ser. Errores en cuanto a los cromosomas derivan en algo malo. Rosh Hashaná como comienzo de un nuevo año es un momento de fragilidad. Las primeras 48 horas del año son un momento frágil y crítico en cierto sentido. En estas horas, la Cábala afirma que podemos configurar lo que será el resto del año. Para hacerlo, debemos estar en un estado de consciencia. Hay que usar “rosh”[1], nuestra mente, pensar lo que queremos que sea este año. En las primeras 48 horas, el núcleo de la persona se junta con el núcleo del tiempo, y de esto saldrá lo que será el nuevo año.
Continúa el Moré Dwek enseñando que en Rosh Hashaná, el “ani”[2] debe tomar las riendas, buscar y conocer qué es lo que quiere. Porque un “ani” sin camino, sin saber lo que se quiere, es “ain”[3]. Debemos tener un espíritu de búsqueda, y saber dónde queremos ir y conocer qué queremos. Las primeras 48 horas del año son el momento para juntar el “ani” con “shana”[4], el Yo con el Tiempo. En esta unión, decidimos si optamos por un año de cambio y renovación, o por un año de repaso y de lo mismo. Hay que tener doble determinación: respecto de mi persona, y respecto del tiempo que D-os me otorga.
El Rabino Akiva Tatz también nos enseña sobre el aprovechamiento de la energía en Rosh Hashaná para el fortalecimiento de cara a lo nuevo:

Conforme la energía del tiempo circula a través de sus diferentes fases, llega a cimas específicas para sus épocas. La energía que se presta para la inspiración y la revigorización del “punto de partida” culmina en Rosh Hashaná, el Año Nuevo. La persona que desee elevar y amplificar su poder para crear algo nuevo, su capacidad para ser siempre nuevo y auto-generador, debe utilizar el poder de Rosh Hashaná hasta el máximo. (…) Fortalecer la inspiración de la primera fase de la experiencia constituye la clave para desarrollar la fuerza y el coraje necesarios para la segunda fase, la de inspiración limitada[5].

Para concluir, expreso que para el judaísmo Rosh Hashaná es el momento oportuno para visualizar lo que viene, reflexionar sobre cómo queremos que sea, diseñar nuestro camino para alcanzar eso que queremos, y poner ahínco en nuestro espíritu de búsqueda para llegar a donde deseamos estar. Considero que no hay que hablar de cambio como fin en sí mismo, como si no importara qué cambia y hacia dónde se cambia, considerándose únicamente el hecho de cambiar. Hay que tener una visión positiva del cambio cuando este es necesario, y cuando se cambia para bien, en busca de algo mejor.
Los comienzos sirven para ponernos en marcha con renovadas energías y fresca confianza en lo que conseguiremos con trabajo y proyección a largo plazo. La consideración de nuestra persona en relación al tiempo nos contextualiza el planteamiento de nuestras metas y los pasos a seguir para alcanzarlas. Aprovechando en plenitud nuestras jóvenes fuerzas en el principio del año y aspirando a mantenernos íntegros durante toda su duración, nos posibilitamos lograr lo que nos proponemos.
Aparte de compartir con familia y amigos el dulce comienzo del año, hagamos útil este tiempo reflexivo y renovador y ejercitemos nuestra mente para plantearnos lo que queremos ser y conseguir en el tiempo que vendrá, sin olvidarnos que somos “ahora” y que vivimos en el “hoy”.  
       


[1] “Cabeza” en hebreo.
[2] Se refiere al “Yo”.
[3] Significa “no es” o “nada”.
[4] “Año”
[5] Tatz, Rab Akiva; “Viviendo inspirado”. Citado en el siguiente espacio:  http://www.tora.org.ar/contenido.asp?idcontenido=943

jueves, 22 de agosto de 2013

Reinterpretación a favor de los judíos de una encuesta sobre antisemitismo



Reinterpretación a favor de los judíos de una encuesta sobre antisemitismo
Ezequiel Eiben
22/8/2013
16 Elul 5773

En el año 2011 fue publicada una encuesta sobre antisemitismo[1] realizada por el instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, a pedido de la DAIA. 1500 argentinos en distintos puntos del país fueron interrogados, y los resultados que arrojó el informe acentuaron la preocupación en líneas generales de la comunidad judía. Arraigados prejuicios y miopes observaciones, de nacimiento en mitologías y libelos del antijudaísmo en épocas pasadas y remotas, seguían presentes en pleno siglo XXI, manteniéndose, renovándose, regenerándose.
Este artículo no tratará sobre la totalidad del contenido del informe, ni sobre todas las ya conocidas muestras de judeofobia en parte de la población argentina. El propósito del presente es tomar una porción de respuestas y reinterpretarlas a favor de los judíos mediante un nuevo enfoque. Y para esto, se requiere que el prisma esté puesto precisamente en los judíos y no en los que agitan judeofobia, reparten prejuicios y concentran ignorancia.
Los datos del informe que tomaré son los que, en primer lugar, se referían a cuál es el principal interés de los judíos: un 82% respondió que “su interés principal es hacer negocios y ganar dinero”. Los segundos datos de los que nos valdremos son los alusivos a los judíos y los negocios: un 68% se inclinó a decir que “los judíos tienen mucho poder en el mundo de los negocios” y un 65% sostuvo que los judíos tienen “mucho poder” en el mercado de finanzas[2].
Parte de estas respuestas, reitero, están basadas en los prejuicios o animadversiones de los encuestados y no tienen un significado positivo para los judíos. Pero frente a este panorama, insisto en poner el foco en los propios judíos[3]. La significación que esbozaré a continuación no surge de las intenciones de los encuestados, sino de la propuesta de cómo los judíos pueden leer beneficiosamente sus actuaciones sin estar pendientes de lo que de ellas entiendan los demás.
Para empezar, no es malo hacer negocios y ganar dinero. Sentimientos de repulsión hacia el comercio y el lucro se anclan en sectores sociales debido a malas ideas difuminadas por intelectuales, y pensamientos erróneos de quienes no teniendo tanta formación desconocen la naturaleza exacta del objeto de su odio y desprecio. Hacer negocios es realizar transacciones con el consentimiento de los intervinientes para mutuo beneficio. Es tratar con otros seres humanos en base a un acuerdo de voluntades contractual que permite el despliegue de valoraciones y decisiones de las partes sobre sus bienes y producciones. Se hace negocios actuando en el mercado, el ámbito pacífico de relaciones humanas donde se intercambian bienes y servicios de manera voluntaria. Ganar dinero es la consecuencia natural por haber realizado un buen negocio (haber ofrecido necesarios productos y demandados servicios). Es la premiación del público al propio emprendimiento que satisface las necesidades en el mercado. El dinero es el medio de intercambio por excelencia entre hombres que se tratan como hombres y se relacionan pacíficamente. ¿En qué contextos no se pueden realizar negocios y ganar dinero en condiciones de normalidad? En las dictaduras, en los Estados totalitarios, en los países que sofocan su economía y donde la proliferación intervencionista de la política todo lo alcanza. Tales escenarios no reflejan acuerdos voluntarios sino imposición de voluntad, no hay acuerdos pacíficos sino sometimiento por la fuerza. No hay trato de hombres como hombres mediante dinero, sino salvajismo mediante garrote. Los hombres de negocios son hombres de razón; los hombres dictatoriales son hombres de fuerza bruta. Los que libremente acuerdan prestaciones y cancelan sus obligaciones mediante dinero son los que se apoyan en el principio básico del obrar con consentimiento y reciprocidad; los que rechazan el mercado y optan por los mecanismos coercitivos del Estado para regular y controlar las relaciones humanas son los que se asientan en el principio del inicio de la violencia.
Tener poder en el mundo de los negocios es tener poder económico. Una persona con poder económico es un ser productivo que desarrolla bienes y servicios requeridos por los demás por su capacidad para satisfacer las demandas de la sociedad. El poder económico se va construyendo en base a la inventiva, genialidad creativa, innovación, idoneidad profesional, visión de lo que hace falta y de lo que puede hacerse. En el ámbito del mercado, la contracara es el poder político. Este es el poder que moviliza los mecanismos del Estado que redistribuyen riqueza por la fuerza,  da a unos lo que se le quita a otros, burla o ignora las preferencias de los consumidores y reparte premios y castigos de manera arbitraria. Una persona con poder político para intervenir el mercado es un burócrata improductivo que arruina economías o un empresario prebendario que destruye la competencia.
Los judíos, como hombres de negocios que ganan dinero y ostentan poder económico, tienen que estar orgullosos. Tienen que reinterpretar a su favor lo que los datos del informe señalan, y saber con alegría y sentido de eficacia que hay una sólida moralidad detrás de lo que hacen. En vez de refugiarse ante la errónea perspectiva de los encuestados, los judíos tienen que sacar a relucir sus correctos principios de acción.
Los judíos debemos saber que lo que los prejuicios y la judeofobia toman como vicios, son en realidad nuestras virtudes. Judeófobos e ignorantes consideran que son características malas, indeseables o inmorales; nosotros tenemos que saber que son características buenas, deseables y morales.
Ser hombre de negocios que gana dinero y tiene poder económico es dar una buena imagen ante ojos que sepan ver y apreciar lo que tales conceptos significan. Y sobre todo, es auto-realización. Los ojos que no quieren ver tales virtudes son los que ignoran en qué consisten, o los que sabiéndolo, prefieren lo opuesto: los vicios de la violencia, los mandatos dictatoriales y la política de la imposición. Hombres que promueven libertad y respeto por los acuerdos de voluntades, no caerán bien a quienes promueven esclavitud y desprecio por las transacciones comerciales.
Por todo esto, los judíos no tienen que aceptar culpa o tratar de desvincularse de las “acusaciones” de ser hombres de negocios. Por el contrario, tienen que asumir orgullosamente que lo son, y que lo van a seguir siendo. Que los judíos continúen con sus negocios y los amplíen; que ganen más dinero y acumulen capital; que ostenten su poder económico, el poder de la producción, de la generación de empleo, de la inversión, de la elevación de los estándares de calidad de vida. Por supuesto, no tienen que admitir que los negocios son “su único interés”, pero sí tienen que clamar que es un interés completamente legítimo.
Lo que los señalados judeófobos odian es lo que los judíos aman: la productividad, la satisfacción del propio interés, el trato pacífico, la relación entre personas como comerciantes intercambiando valor por valor. Por algo aquellos lo odian, por algo estos lo aman. Los incompetentes, envidiosos y opositores a la libertad humana van a odiar la ética de los competentes, orgullosos y promotores de la libertad humana.
Karl Marx (de origen judío) propagó el odio y desprecio a los judíos por motivos económicos. Escribió el judeófobo autor:
Consideremos al judío real, mundano (…).
¿Cuál es el fundamento secular del judaísmo? La necesidad práctica, el interés propio. ¿Cuál es la religión mundana del judío? La usura. ¿Cuál es su Dios mundano? El dinero.
¡Pues bien entonces! La emancipación de la usura y el dinero, por consiguiente, del judaísmo práctico y mundano, sería la autoemancipación de nuestra época.
Una organización de la sociedad que aboliera las precondiciones para la usura, y por lo tanto la posibilidad de practicar la usura, haría imposible al judío[4].
     
Frente a esto, resulta pertinente citar al Dr. Yaron Brook:
Cuando una cultura se va haciendo más colectivista, se va haciendo más racista. Y el antisemitismo es una forma de racismo (…). Además, la gente cuando es colectivista se vuelve más racista en tiempos de crisis, en tiempos de stress, cuando están buscando a alguien a quien culpar por algo que va mal en sus vidas y las vidas de los que están a su alrededor. Entonces cuando piensas en crisis financiera y crisis económica, y en guerras, ahí es cuando en culturas colectivistas la gente está buscando un escape y alguien a quien atacar, y los judíos son un blanco conveniente para eso (…).
(El antisemitismo también tiene que ver con el anti-capitalismo) por el hecho de que los judíos son muy exitosos, primariamente exitosos en el área de las finanzas.
Tengo un ensayo en defensa de la usura que documenta su historia, y lo interesante es que lo conecto con el antisemitismo por varias razones (…). Los judíos se convirtieron en los usureros de la Edad Media cuando a los cristianos no les estaba permitido serlo, y los judíos eran odiados por ello, porque la usura en ese tiempo era considerada un pecado moral (...). Entonces usura, préstamo de dinero, banca y lo que tiene que ver con el capitalismo lleva a decir “odiamos al capitalismo, odiamos a los judíos”.
(En su ensayo “La cuestión judía”, Karl Marx) describe por qué odia a los judíos. Era un gran antisemita. Los odia por su interés propio, porque persiguen el lucro, porque quieren ganar dinero. Habla de que son egoístas y están mejorando sus vidas. (…) Lo que realmente motivaba a Marx era su odio por el interés propio, su odio por el individualismo, y vio esas características en los judíos del Siglo XIX, y odió a los judíos por ello. Los colectivistas odian a los judíos, odian al capitalismo, porque el capitalismo es pro-individuo, pro-interés propio, pro-lucro, y los judíos se han convertido en un símbolo de estos atributos[5].      
En definitiva, los judíos deben celebrar ser un símbolo del liberalismo y del capitalismo. Es una conducta virtuosa el perseguir el interés propio, es lícito querer ser el beneficiario de las propias acciones, es correcto vivir para alcanzar los propios valores, es moral ser un egoísta con autoestima. El individualismo respeta los caminos elegidos por cada hombre, y considera a las personas fines en sí mismas. Esta posición ética es la pertinente para que se desarrolle el mercado donde se plasma el principio de intercambio voluntario que respetan los judíos como hombres de negocios.
Difundiendo las ideas correctas de libertad, lucro y egoísmo racional que modifiquen las erróneas percepciones que sectores de la sociedad tienen al respecto; y aceptando con orgullo ser lo que son, sin eludirlo por culpas creadas artificialmente debido a impertinencias conceptuales; los judíos lograrán transformar lo que es una acusación en una declaración de admiración. Hacer negocios, ganar dinero y tener poder económico ya no será visto desde el odio medievalista, marxista y judeofóbico, sino que será evaluado desde la óptica judía, liberal, capitalista: como virtud.


[1] Prefiero el término “judeofobia”, pero respetaré aquí el uso de “antisemitismo” porque es el empleado por el informe.
[2] Datos extraídos de: Preocupante encuesta sobre antisemitismo, por Sergio Dattilo. Ámbito Financiero, 21/09/2011
[3] Soy un defensor del individualismo y de la consideración concreta de cada persona. No estoy a favor de colectivizaciones indebidas. En este artículo me referiré a “los judíos” de manera general, siguiendo la línea que pretende el informe de medir la judeofobia y los prejuicios contra este grupo específico. No es mi intención identificar con las características que atribuiré aquí a “los judíos” a quien no quiera ser identificado. La abstracción “judíos” es empleada con fines prácticos, haciendo esta salvedad, y sin ningún propósito inmoral oculto.  
[4] Marx, Karl; La cuestión judía. Puede leerse en este link: http://www.marxists.org/archive/marx/works/1844/jewish-question/
[5] Lo presentado es un resumen con algunas modificaciones de carácter técnico que hacen a la adaptación de la forma del mensaje, sin modificar el sentido de su contenido. El comentario completo de Yaron Brook puede escucharse en: YBrook: What is the explanation for the grotesque amount of anti-Semitism today?
http://www.peikoff.com/2013/06/10/what-is-the-explanation-for-the-grotesque-amount-of-anti-semitism-today/